Boletín de septiembre 2016

Confianza

La confianza: nuestro pilar

¡Qué fácil es hablar de la confianza y qué difícil a veces sostenerla! Yo no tengo hijos, pero por lo que me cuentan, confiar en ellos es un enorme reto, en ocasiones es como dar un salto al vacío. Cuando las familias se deciden por una escuela Sudbury, no sólo son los estudiantes los que viven la experiencia, es como si toda la familia viniese a la escuela.   Se ponen en duda ideas muy arraigadas y sobre todo se pone a prueba la confianza que tenemos en nosotros mismos. Lo cierto es que es difícil confiar en otros si no confiamos en nosotros, si no nos creemos capaces de hacer cualquier cosa que nos propongamos sin que alguien nos lleve de la mano. Aquellas personas que hemos estudiado en un centro convencional, estamos acostumbradas a que nos den permiso y aprobación externa para reforzar nuestro propio criterio, e incluso nos da miedo llevar a cabo lo que sea si no nos dan unas pautas marcadas. Hemos de hacer un sobreesfuerzo para creer en nosotros mismos, especialmente cuando lo que tratamos de hacer está fuera de lo común; y aún un mayor esfuerzo para confiar en los demás.

Sin embargo, tenemos más que pruebas suficientes para saber que se puede, que cuando uno se lo propone, puede, tengamos 3 años u 83. El ser humano viene con la capacidad de aprender de serie, y de la misma forma en que ninguno somos físicamente iguales, tampoco nuestra manera de aprender lo es. La riqueza reside en esa diversidad: vidas diferentes, aprendizajes diferentes, opiniones diferentes, experiencias diferentes… No hay dos personas iguales en el mundo, cada una es única y trae sus propios aprendizajes. Por este motivo, la persona que mejor puede llegar a entender cuáles son las necesidades de uno, es uno mismo. Es en ésto en lo que nosotros depositamos nuestra confianza; confiamos en que cada persona elegirá lo que necesita en cada momento para aprender lo que tenga que aprender.

Ahora, confiar cuando todo va “bien”, como esperamos, es sencillo; lo más complicado es confiar cuando se presentan las dificultades. Es entonces cuando sentimos como si cayésemos desde un acantilado, sin nada donde agarrarnos más que la confianza. Y ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿que nos equivoquemos? Otra de las creencias que arrastramos muchos es que los errores son “malos”, y nadie dice que no haya que tratar de evitar cometer errores en la medida de lo posible, pero es imposible no cometer ninguno. Y sí, cuando nos caemos puede ser doloroso, pero lo será mucho menos si no lo concebimos como algo negativo, pues es simplemente la manera que los seres humanos tenemos de aprender. Nos caemos, nos levantamos, nos sacudimos las rodillas y seguimos adelante. Por lo tanto, cuanto antes aceptemos que nos vamos a caer, antes nos empezaremos a levantar del suelo. Y cuanto más confiemos en que los niños se saben levantar solos, más les ayudamos a hacerlo.

Los comienzos no tienen fama de ser fáciles, y en nuestro caso, no lo está siendo. La libertad es muy bonita en papel, pero en la práctica no es tan sencilla de asumir. Ser libres implica tomar decisiones, y las decisiones tienen consecuencias, tanto para nosotros mismos como para los que nos rodean. Cuando decidimos, escogemos un camino y decimos “no” a otro. Esta toma de decisiones está directamente relacionada con la responsabilidad; somos los únicos responsables de nuestras decisiones, tanto si decidimos tomar una decisión de acuerdo a lo que los demás creen que debemos hacer; como si es nuestra propia idea, diferente de lo que piensan los demás; como si decidimos no tomar ninguna decisión. La libertad paradójicamente nos obliga a elegir, pues decidir es inevitable, no importa cuan opresoras parezcan ser las circunstancias. Cuanto antes aprendamos a ejercer nuestro poder de decisión, antes nos sentiremos dueños de nuestra vida; y cuanto antes permitamos que los niños decidan por sí mismos, antes podrán ser personas autónomas responsables de sus vidas.

La confianza en que los niños pueden tomar decisiones es el pilar fundamental del concepto Sudbury. Ciertamente hay decisiones que no pueden tomar porque están fuera de su alcance, normalmente limitadas por la ley o la economía familiar. No obstante, la mayoría de las decisiones sobre sus vidas las pueden empezar a tomar desde muy pequeños, por ejemplo, en su relación con otras personas, su forma de actuar, cómo emplean su tiempo, las actividades que realizan, el momento y la manera de llevarlas a cabo, así como en todo lo relativo a la escuela de la que forman parte. Es nuestro deber como educadores darles la oportunidad de ejercer su derecho de decisión y confiar en su proceso de aprendizaje. Y si nos resulta difícil, el trabajo es hacia adentro. ¿Te animas a confiar?

Paula Quintana.

Aprender en libertad

¡APRENDER EN LIBERTAD de Peter Gray ya está en castellano!

Peter Gray, catedrático en psicología y padre, sostiene la idea de que los niños cuando son libres de perseguir sus intereses, no sólo aprenden lo que necesitan aprender, sino que lo hacen con pasión y energía.
Podéis pedir el vuestro a través de Esto no es una escuela.

Próximamente

Educalibre Sevilla
viernes 21 octubre 2016

La Rosa de los Vientos participará en las
II Jornadas de infancia, familia y educación
en la Universidad de Sevilla.

Más info

Enlaces de interés

Criar en la confianza
Artículo de Peter Gray.

The Alliance for Self-Directed Education (Alianza para la Educación Autodirigida)
Vídeo de Peter Gray (inglés).

De la escuela del conocimiento a la de la sabiduría
Artículo de una profesora que visita Sudbury Valley.

 

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