Por qué un currículum es contraproducente


GREENBERG, Hanna. “Why a Curriculum is Counterproductive”. En: SADOFSKY, M. y GREENBERG, D. (ed.), Reflections on the Sudbury School concept. Framingham, EE.UU.: Sudbury Valley School Press, 1999. p. 194-197.

Traducción: Javier Herrero (Ojo de Agua)


Con frecuencia los educadores, e incluso los estudiantes, nos preguntan por qué somos tan inflexibles al no ofrecer cursos en Sudbury Valley School y por qué sólo enseñamos como respuesta a las iniciativas de los niños. Se preguntan por qué no simplemente ofrecemos unas pocas materias “obligatorias” y así aliviar las ansiedades de la gente y, de paso, mejorar la imagen de la escuela. Nosotros tenemos muchas razones teóricas y prácticas para esta política, pero es difícil explicarnos de forma que logremos aplacar los temores de la gente de que nuestros estudiantes no alcancen la educación que necesitarán para ser afortunados adultos en nuestra sociedad.

La semana pasada tuve una conversación con un estudiante al que llamaré A., quien me arrojó nueva luz sobre esta materia. Estábamos hablando sobre perder el tiempo solo en el bosque. A. me decía que nunca se sentía solo allí, sino que más bien sentía que su mente estaba llena de pensamientos que le resultaban interesantes y gratificantes. Entonces continuó diciéndome que aunque le encantaba escuchar música, se había dado cuenta de que la música expresa las ideas y los pensamientos de los músicos que la compusieron. Son los pensamientos de ellos, no los de él. Escuchando música todo el rato sentía que se estaba privando a sí mismo de sus propios pensamientos. Ahora escucha música con mucha menos frecuencia y la utiliza cuando tiene ganas, pero no para matar el tiempo. Necesita tiempo para ser él mismo y encuentra que la música le distrae.

Tardé unos días en comprender de qué estaba hablando A. y, entonces, me impactó. Esto es exactamente lo que decimos en Sudbury Valley School cuando decimos que nuestros estudiantes asumen la responsabilidad de utilizar su tiempo y su aprendizaje. No queremos llenar sus mentes con nuestros pensamientos. Queremos estar seguros de que son libres para utilizar sus mentes para pensar sus propios pensamientos. Esto no nos impide responder preguntas o decir nuestras opiniones cuando nos preguntan y, en general, de estar disponibles para conversar. Pero esto significa que evitamos ofrecerles un currículum que seguir.

Las mentes de los niños no están en blanco o vacías. Están ocupadas todo el tiempo relacionándose con su entorno y tratando de buscar sentido a lo que ven. Cuando nosotros como adultos intentamos interferir en este proceso natural y asaltamos sus mentes con nuestro saber, corremos el grave riesgo de interferir en sus propios procesos de pensamiento. Así, se puede ganar el conocimiento de algún hecho, pero a costa de su habilidad para pensar por sí mismos y ser originales y creativos. Me sobresalta que los valores que amamos en nosotros mismo y nuestros amigos –ser interesantes, penetrantes, creativos e independientes- es lo que estamos dispuestos a sacrificar en nuestros niños a cambio de la adquisición de conocimientos que alguno de nosotros juzga necesario aprender. Nosotros, los adultos, necesitamos tener más confianza en la habilidad de nuestros niños para comprender cómo prepararse para ser efectivos en este mundo.

Otra cosa que es importante es la cuestión del tiempo –lo que nosotros consideramos que es un buen uso del mismo y cuándo es malgastado. Tu tiempo sobre esta tierra es tu vida. Cuando alguien te resta parte de tu tiempo, te están restando una parte de tu vida. Debemos ser muy cuidadosos en apropiarnos del tiempo ajeno. Lo hacemos con demasiada frecuencia con los niños, pensando que porque son jóvenes su tiempo no es tan preciado como el nuestro. Pero en realidad cada minuto que ocupas a los niños con tus cosas es tiempo que estás restándoles para utilizarlo como desean. Estás distrayéndoles de sus propias vidas. No sólo es una invasión de su privacidad y una falta de respeto, sino también es un ruinoso negocio. Cuanto más joven la mente, más eficaz es adquiriendo conocimiento. Por tanto, interferir en el proceso natural de los niños cuando están trabajando para comprenderse a sí mismos y al mundo es incluso más dañino para ellos que para los adultos.

Creo que el saldo neto de adquirir algunos conocimientos, destrezas y todas esas otras cosas no vale la distracción del proceso que cada niño pasa para construir su propio camino. El trabajo del adulto es responder las preguntas cuando se formulan, proporcionar herramientas y oportunidades cuando son requeridas, permanecer a su lado y dejar que hagan su trabajo por sí mismos. Debemos ser muy cuidados y no buscar llenar las mentes de los niños con nuestros conocimientos; más bien es necesario dejarles encontrar su propio conocimiento. Sabemos que no estaremos a su lado para guiarlos durante toda su vida, de modo que debemos permitirles desarrollar las herramientas que necesiten para ser sus propios guías. Y esto se hace permitiéndoles luchar y comprender las cosas por sí mismos y estando preparados para ofrecerles ayuda cuando la pidan.

Quizá una historia zen bien conocida pueda expresar mejor que yo lo que quiero decir:

Un maestro zen japonés recibió a un profesor universitario quien vino a preguntarle sobre el Zen. Era obvio para el maestro desde el principio de la conversación que el profesor no estaba tan interesado en aprender sobre el Zen como interesado en impresionar al maestro con sus propias opiniones y conocimiento. El maestro escuchó pacientemente y finalmente sugirió que tomaran un té. El maestro llenó la taza del visitante y continuó vertiendo té. El profesor miraba la taza rebosando hasta que no pudo contenerse más:

“La copa está rebosando, no cabe más.” “Como esta copa”, dijo el maestro, “estás lleno con tus opiniones y tus especulaciones. ¿Cómo puedo mostrarte el Zen a menos que vacíes un poco tu taza?”

Lo que aprendí de esta historia es que como miembro del equipo de Sudbury Valley, tengo que tener cuidado de no llenar las tazas de los estudiantes con mis propias opiniones y conocimientos. Deben llenarlas por sí mismos. Y tengo que respetarlos y confiar en que llenarán sus tazas con sabiduría.

http://ojodeagua.es/files/2011/11/Autodidacta_n_07.pdf